La Urgencia de Rescatar la Salud Mental

Preguntarnos si es posible para los chilenos mejorar nuestro nivel de salud mental en el curso de la década, es una interrogante válida y apunta a un desafío para la salud pública y para el desarrollo del país. En Chile, al igual que en otras naciones de ingreso medio, una alta proporción de años de vida perdidos por muerte o discapacidad, el 23%, está dada por las  enfermedades mentales. Otras, como el cáncer o las cardiovasculares, originan más muertes. Las enfermedades mentales debilitan fuertemente la capacidad de trabajar, convivir, aprender y participar socialmente, fundamentalmente por el estigma y discriminación social que recae sobre quienes las padecen.

La depresión es la que más contribuye; de hecho, se estima que para el año 2030, a nivel mundial, la depresión será la primera causa de carga de enfermedad. Además del sufrimiento personal, familiar y social que estas condiciones mentales generan, los costos económicos para las familias y para las naciones también son muy altos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho sucesivas recomendaciones a este respecto. La más reciente es la Resolución de la Asamblea Mundial de Ministros de Salud, que insta a que, en conjunto, el sector salud y el sector social coordinen sus respuestas. Otro hito gestado por la OMS, en una sesión especial de Naciones Unidas en septiembre pasado, advirtió sobre las enfermedades crónicas no transmisibles, entre las cuales las enfermedades mentales asumen una presencia e interacción elevada y creciente. Chile está trabajando en esta línea y está respondiendo a la pregunta inicial en forma afirmativa: sí, es posible que los chilenos mejoren su nivel de salud mental en los próximos años.

La presencia en el Auge de tres de las enfermedades mentales más discapacitantes -esquizofrenia, depresión y trastornos por consumo de sustancias- más las que muy probablemente se sumarán, es una medida que va en la dirección correcta.

Tres son las avenidas de mayor futuro. La primera, generar condiciones sociales y de convivencia que sean protectoras de la salud mental en todo ámbito. La segunda, detectar e intervenir lo más prontamente posible la enfermedad mental que se inicia. La tercera, reducir la discapacidad que conlleva la enfermedad mental, tanto con tratamientos oportunos y de calidad, como con oportunidades para las personas que sufren enfermedades mentales.

Todo esto es posible hoy. La estrategia nacional de Salud 2011-2020 configurada como una política de Estado en diciembre pasado, incluye metas de mediano plazo a este respecto. Hay sólidas evidencias científicas y experiencias probadas para apoyar estas iniciativas. Expertos de la OMS y de la OPS conocieron y asesoraron los preparativos que realizan los técnicos del Ministerio de Salud sobre los mejores caminos para aplicarlas.

Un buen nivel de salud mental y bienestar, y no simplemente la ausencia de una enfermedad mental, resulta en mejores niveles de salud general, beneficios sociales y económicos para todos. Por tanto, es también un componente del desarrollo general del Chile que queremos.

( Ex subsecretario de Salud Pública  / Dr. Jorge Díaz ) 

“ La salud mental indispensable para el desarrollo del país “